#1 Piensa en positivo
Antes de realizar cualquier cambio en la dieta, considera primero trabajar en tu mentalidad. La mentalidad se refiere a un conjunto de creencias profundamente arraigadas que influyen en tus pensamientos, los cuales luego se traducen en acciones. El síndrome del intestino irritable (SII) y otros trastornos digestivos tienen la capacidad única de afectar tanto el intestino como la mente, por lo que muchas personas que viven con estos trastornos pueden tener dificultades con su relación consigo mismas y su calidad de vida.
La autocompasión es un motivador mucho más eficaz para el cambio a largo plazo que la vergüenza y el miedo. Al cambiar tu perspectiva para tener respeto por tu cuerpo, tus pensamientos sobre tu cuerpo comienzan a cambiar.
#2 Come el arcoíris
Al realizar cambios en la dieta, aboga por la diversidad nutricional para ti y tus proveedores. Si bien muchas intervenciones dietéticas para trastornos digestivos implican la eliminación de diferentes alimentos, la diversidad de plantas es clave para la salud del microbioma. Sé creativo con la forma en que incorporas alimentos que no son tan comunes para ti y encuentra formas divertidas de variar la diversidad de los alimentos que consumes. Muchas veces, esto es tan simple como reducir las porciones de alimentos específicos y combinarlos con alimentos que son más tolerables, en lugar de seguir una dieta de eliminación completa.
#3 Considera el panorama general
Los problemas digestivos no solo son causados por la comida. Echa un vistazo al panorama completo llevando un diario detallado que documente la comida y bebida, el sueño, el estrés, el movimiento, los medicamentos, los suplementos y los síntomas, para que puedas comprender mejor qué te está desencadenando. Cada una de estas cosas puede tener un impacto en tus síntomas. A partir de ahí, trabaja con tu dietista o proveedor médico para ver el panorama completo y encontrar patrones. Esto ayudará a adaptar tu plan para satisfacer tus necesidades individuales.
